La siguiente charla, dicen, sucedió entre un obispo cubano y un funcionario del Partido Comunista, hace ya varios años. Podría incluso ser apócrifa, pero el contenido retrata el ambiente:
"¿Por qué el periódico Granma no publica las cosas que hace la Iglesia Católica en Cuba?", preguntó el obispo. "Tampoco publicamos los escándalos de pederastia que suceden", respondió el funcionario.
Traigo la charla a escena, a propósito de las declaraciones del obispo de Cienfuegos, monseñor Domingo Oropesa.
El prelado, de visita en España, repartió culpas sobre la pederastia mundial: "No solamente son estos casos (los de la Iglesia) los que existen en el mundo (...) muchas veces hay como una atención especial a los casos de sacerdotes u otros miembros de la Iglesia".
Bella verdad de Perogrullo: pederastia hay en todas partes, hasta debajo de las piedras. No faltaba más, señor obispo. También hay ladrones, criminales, pirómanos y embaucadores en toda la tierra que Dios nos creó; pero el escándalo no se resuelve desparramando incienso, a ver si el humo enmaraña el ambiente y lo confunde todo; sino dándole el frente, actuando hondo.
Benedicto XVI ha condenado la pederastia en duros términos, pero no es suficiente. El Papa alemán debería navegar profundo y desatar la tensión sexual no resuelta que aflige a los sacerdotes de la Iglesia Católica, con todas sus consecuencias. Empezar por ahí, rompiendo la contranatura del celibato. Y terminar sentando en el banquillo a quienes, incluso libres de retozar con mayores, persistan en la aversión de impartir una muy particular catequesis.
Monseñor Oropesa también ha reivindicado el papel del diálogo para "serenar" los problemas de Cuba. Suavemente, ha pedido a gobierno y disidencia que hablen.
No faltaba más, señor obispo, pero, ¿por qué no empieza la Iglesia cubana predicando con el ejemplo? ¿Por qué la jerarquía no dialoga con los laicos y católicos reprimidos por el régimen? ¿Por qué Dagoberto Valdés y Oswaldo Payá son considerados ovejas negras dentro del rebaño?
Si se trata de hablar, hablemos. Que la anécdota del periódico Granma no adquiera —otra vez— categoría de realidad.
Con permiso de Sindo Garay, es evidente que las penas entre gobierno e Iglesia se atropellan, se agolpan unas a otras y por eso no se matan.



Un comentario atrevido y valiente. A veces uno tiene la impresión de que la "química" entre Fidel Castro y Karol Wojtila se debía a que ambos compartían una visión "trascendente" de la vida terrena, que incluía una visión totalitaria de la sociedad, en la que la libertad y los derechos fundamentales del individuo eran valores menores, por no decir inexistentes.Ambos eran personalidades "religiosas", conservadoras, antiliberales, para las que la mejora de las condiciones de vida de la gente importaba poco porque, para los dos, la "salvación" se lograba mediante el sufrimiento e incluso el sacrificio máximo: la inmolación.Castro, Wojtila: personas sin sentido del humor, intolerantes, dogmáticas, ciegas, tan amantes de peroratas como alérgicos a escuchar las razones de los demás.Muchas coincidencias y un deseo de repartirse el pastel entre ambos.
Bien por tu parte Michel... Tienes razon
Enviar un comentario nuevo