Innovaciones represivas: 'Traslados y hospitalización'

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Madrid, 3 de junio de 2010 - Según la congresista cubanoamericana Ileana Ros-Lehtinen, "los hermanos Castro quieren jugar a prender fuegos y apagarlos, a ser torturadores y humanitarios. Sólo en la Cuba kafkiana es que tienen sentido estos actos irracionales". Una muy buena descripción.

La Cuba kafkiana lleva a considerar unos simples traslados como un resorte capaz de mejorar las relaciones entre La Habana y Washington. Puro folletín.

Raúl Castro, que no es capaz de inventar nada verdaderamente bueno, sí ejecuta innovaciones represivas. En décadas pasadas, Fidel Castro abría la despensa y regalaba presos políticos al mejor postor que ayudara en su deportación, según saliera el sol.

Pero la creatividad del raulismo estrena dos nuevas categorías que hacen babear a los cubanólogos de pacotilla: el "traslado" y la "hospitalización".

Es la admisión de la doble pena impuesta: la condena judicial, y una adicional: los desplazamientos familiares por una geografía devastada.

Se ha tensado tanto la cuerda que relajarla un centímetro ya es síntoma de victoria. Una alegría, desde luego, para las familias beneficiadas, pero desde el punto de vista político, poco que decir.

La hospitalización de los más enfermos, si finalmente se produce, nos remite a la siguiente encrucijada: ¿por qué había presos en mal estado sin recibir atención especializada?

Que llevarlos a los hospitales sea una gracia "humanitaria" del régimen, por intercesión de Ortega, Dionisio y del Espíritu Santo, responde de un plumazo a todas las dudas de la comunidad internacional sobre la perversidad de ese sistema carcelario.

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