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               La columna de Michel Suárez


 

La Isla de la salud ¿ajena?

Exportación de médicos, improvisación profesional e infraestructuras en ruina: El colapso del sistema sanitario cubano.

por MICHEL SUÁREZ, Madrid

En Güira de Melena, un pequeño pueblo de La Habana, es de conocimiento público el caso de la señora que, apremiada por operarse de cataratas, colgó en la puerta de su casa un cartel que inmediatamente provocó la reacción de la policía. El singular anuncio decía: "Se permuta para Venezuela".

Vecinos del pueblo contaron que cuando la policía le preguntó por el significado del cartel, ella respondió que requería operarse de cataratas, porque ya casi no veía, y pensó que esa era la única forma de entrar rápidamente a un quirófano en Cuba. A los pocos días, una ambulancia la trasladó a la Liga contra la Ceguera, donde finalmente fue intervenida.

El caso de Güira de Melena, además de absolutamente real, es la cara perfecta del estado ruinoso de la salud pública cubana y de la impotencia de los ciudadanos, con respecto a las decisiones políticas del régimen, que terminan marginando al cubano de a pie, incluso en el sensible tema sanitario.

Desde los años ochenta, el gobierno dedicó algunas de sus instituciones médicas a la atención "diferenciada" de diplomáticos, turistas extranjeros y altos dirigentes del aparato estatal. Es el caso de la clínica Cira García, una de las vitrinas de los no despreciables éxitos médicos cubanos, aunque reservada sólo para algunos privilegiados.

"La Cira García se dedicó a ese asunto en la época en que Fidel Castro dijo que el Centro de Investigaciones Médico-Quirúrgicas (CIMEQ) pasaría a incrementar el número de camas de la capital", aclara Miguel Ángel García Puñales, ex alto funcionario del Ministerio de Salud Pública (MINSAP). Sin embargo, esto nunca sucedió, y salvo casos muy concretos, el CIMEQ sólo se ha dedicado, tras 40 años de servicio, a la atención de ciudadanos extranjeros, dirigentes y "amigos de la revolución cubana".

Según García Puñales, esto no difiere de la denominada Misión Milagro, mediante la cual se atienden en la Isla cientos de miles de sudamericanos, especialmente venezolanos. "Los únicos objetivos de estos centros, aunque supuestamente se crearon para recaudar divisas para el Ministerio, son generar favores, crear amigos y estados de ánimo, y fortalecer los programas de determinados partidos políticos afines de la región", precisa el que fuera —a principios de los noventa— jefe del Departamento de Desarrollo e Información Científica del MINSAP.

Actualmente, mientras las listas de espera para operarse de cataratas o de cualquier otro asunto que clasifique como 'no urgente', son interminables, La Habana ha anunciado la realización de 100.000 intervenciones quirúrgicas para curar este mal a igual cantidad de ciudadanos de América Latina, sin que se resuelva la situación de personas como la del citado caso de Güira de Melena, que se vio precisada a recurrir a la protesta pública camuflada.

El 'milagro' de los otros

Lo peor de todo es que las autoridades cubanas recurran al cinismo y a la retórica populista para presentarse como las 'salvadoras del mundo', cuando ni siquiera son capaces de solucionar medianamente las graves dificultades que padece la población de la Isla.

El pasado 20 de junio, Fidel Castro intervino en el Quinto Congreso Internacional de Oftalmología, en La Habana, para confirmar que, "gracias a la Misión Milagro, decenas de miles de venezolanos de origen humilde han recuperado la vista". El gobernante agregó que "la inmensa mayoría de ellos eran pacientes aquejados de cataratas, los que estaban condenados a permanecer ciegos por no disponer de unos dos millones de bolívares (mil dólares) que como mínimo exigen las instituciones privadas de salud para la operación quirúrgica".

De seguro, nadie se entristecerá porque otra persona —cualquiera que sea— recupere la visión o mejore su estado de salud. Ni personas razonablemente sensatas se opondrían a la solidaridad entre naciones, ni a la compartimentación del desarrollo científico para colaborar en los niveles de vida. Sin embargo, esta "solidaridad selectiva", que discrimina a los habitantes de la Isla en función de su posición en la nomenklatura del régimen o del color del pasaporte, es precisamente todo lo contrario de lo que preconiza Castro puertas afuera.

Resulta que una operación de cataratas en la clínica Cira García cuesta 2.473 dólares norteamericanos, más del doble de una similar en Venezuela, donde supuestamente miles de habitantes no pueden acceder a los servicios de las clínicas privadas.

Además de los precios en más de una decena de servicios médicos, la web institucional de la clínica detalla que este programa incluye "hospitalización en habitación privada, alimentación y atención médica y de enfermería especializadas, derecho al salón de operaciones, derecho a la anestesia y a la reanimación postoperatoria. Excluye: sangre, derivados o sustitutos de la sangre, medicamentos y material desechable".

No dice, sin embargo, si es necesario llevar sábanas, toallas, comida para los pacientes o antibióticos intrahospitalarios, como sucede habitualmente en la mayoría de los centros asistenciales destinados al cubano de a pie.

Lo del precio es sólo informativo. Funcionaría, obviamente, en el caso de que se le permitiese a un mortal ciudadano cubano, hijo de nadie, acceder a este tipo de servicios, reservados sólo para extranjeros y dirigentes, aunque el interesado (cosa difícil pero no improbable) cuente con los recursos financieros. La discriminación en Cuba es doble: por no tener dinero… y por ser cubano.

Más perverso todavía es el sistema farmacéutico en dólares. Además del alto precio de los medicamentos, basta con que usted sea nacional, viva en Miramar o en la Loma del Chivo, para que no le vendan ni una aspirina. Casos dramáticos, cuya solución no ha podido hallarse en las unidades destinadas a la prole común y corriente (seguramente por aquello del 'bloqueo'), han tenido que recurrir a un amigo extranjero para que, previa acreditación, compre la tableta de la salvación en la shopping de los medicamentos.

Venezuela manda

La expansión de la "solidaridad" con el continente crece indeteniblemente, en la misma medida que Caracas resuelve algunos de los principales problemas energéticos de la Isla, al más puro estilo soviético. Y como quien paga con petróleo manda, Venezuela acaba de ofrecer a Paraguay "la posibilidad de que en Cuba se realicen gratuitamente operaciones oftalmológicas (…) Venezuela costeará los pasajes de Asunción a Caracas, y Cuba, de Caracas a La Habana. El gobierno de Fidel Castro se hará cargo de la estadía y de las atenciones médicas", según publicó en mayo pasado el diario paraguayo Última Hora.

Para realizar la hazaña —no de dividir el pan entre dos necesitados, sino de quitárselo a una de las partes—, fuentes médicas dijeron desde La Habana a Encuentro en la Red que el Ministerio de Salud Pública ha dispuesto los denominados "hospitales de excelencia", que se dedicarán a atender un 50 por ciento de venezolanos e igual cantidad de cubanos.

Entre estos centros figuran, sólo en la capital, los hospitales Hermanos Ameijeiras, la Liga contra la Ceguera, el Ortopédico Frank País y el Cardiovascular. Las mismas fuentes precisaron que en la provincia de Holguín, tercera en importancia y población, están incluidos los hospitales Lenin y el Clínico-Quirúrgico, este último aún sin terminar.

"Aquí en La Habana la situación es delicadísima con los principales hospitales, porque varios de ellos están siendo reparados a la vez. El caos es tremendo", confirmó una enfermera capitalina bajo anonimato. "El nuevo plan de Fidel es establecer una red de 48 hospitales en todo el país que serán reconstruidos para brindar servicios de excelencia, en los cuales se atenderán cubanos y extranjeros".

El caos que ha generado la decisión del gobierno cubano de enviar a otros países más médicos de los que objetivamente puede, así como la utilización de la red hospitalaria nacional para cumplir sus "compromisos" internacionales, puede observarse a simple vista en consultorios de barrio, policlínicos u hospitales, declaran las fuentes.

La ley del menor esfuerzo

Las consecuencias van más allá del sentido común. No pueden comparárseles con el cordón de La Habana, la desecación de la Ciénaga de Zapata o la zafra de los diez millones —previos ejemplos de la antología castrista del disparate—, porque esta vez se trata de la salud y la vida humana. Los profesionales comienzan a alarmarse por el grado de "improvisación autorizada" en la atención sanitaria de los cubanos. Ni siquiera se trata del hilo de henequén que inventó aquel pinareño "entusiasta" para sustituir el hilo de sutura quirúrgica biodegradable, en plena crisis de los años noventa. A día de hoy, algunos médicos generales, ante la avalancha de misiones hacia el extranjero de personal calificado, están asumiendo funciones de especialistas, sin la debida preparación.

"La escasez de especialistas es grave", denuncia un galeno matancero. "Los mejores han sido enviados a Venezuela o a países africanos. Ahora hay consultorios que atienden el triple de gente que antes. Lo del médico de las 120 familias parece que pasó a la historia de la retórica revolucionaria", agregó.

Según cifras oficiales, publicadas en el Anuario 2004 del MINSAP, Cuba cuenta con los servicios de 69.713 médicos, lo que posibilitaría —dicho "a voz en cuello" y con mucho orgullo— que hubiesen 62 médicos por cada 10.000 habitantes. Este último dato constituye evidentemente una falacia, puesto que, hoy día, la producción masiva de galenos está destinada a la exportación, como los mariscos y el buen ron. La emisora Radio Habana Cuba informó la semana pasada que 15.000 médicos se encuentran en Venezuela, y que 2.600 cumplen misión en otras latitudes. El MINSAP remata estadísticamente con una cifra incontestable: la Isla presta colaboración en 69 países.

En este curso (2004-2005), las universidades del país tienen una matrícula de 28.071 estudiantes en la carrera de Medicina, que al graduarse pasarán a cubrir plazas locales, para que los de mayor experiencia viajen al extranjero.

En el tema de los recursos humanos disponibles, la complejidad de la capital de la Isla también se hace patente. Incluso, antes de iniciarse las exportaciones de personal médico y paramédico, Ciudad de La Habana ya necesitaba enfermeros del resto del país para satisfacer su demanda. No obstante, la solución de las autoridades ha sido elegir la ley del menor esfuerzo: disminuir a la mitad el tiempo de estudio de algunas especialidades.

"Ahora mismo acaban de reducir la especialidad de oftalmología de cuatro a dos años", cuenta un experto desde La Habana, a quien también le aseguraron que se están preparando médicos de familia para asumir funciones de oculista, "en un cursillo de sólo ocho semanas". Los rumores sobre un plan para continuar recortando el tiempo de formación en las universidades, no paran de rodar.

'Aunque sea para Haití'

Mientras todo esto sucede, Venezuela parece ser El Dorado de los cubanos que buscan alguna entrada de dinero para superar la indigencia material de la Isla, o el puente de escape hacia el exilio. Es el caso de una doctora santiaguera, que presta servicios en una peligrosa zona de Venezuela, pero está dispuesta a "defender" su puesto de trabajo allí, porque no tiene otra opción para ganar dólares y "mantener con dignidad" a su familia.

"En Cuba un médico gana apenas 20 ó 25 dólares al mes. Es un sacrificio grande estar en Venezuela, pero con lo que gano aquí podré vivir un poco mejor". Cuando esta médico general conversa con sus compañeros que se quedaron en la Isla, dice que nota la necesidad que tienen los cubanos de cambiar de aire, de salir a trabajar, "aunque sea para Haití".

A pesar del hacinamiento y la precariedad de los servicios médicos actuales, entre otras cosas por la falta de personal, habrá que preguntarse qué hará el país con tantos médicos, en una situación de futura normalidad, cuando la economía prospere y ya no sea tan "rentable" irse a trabajar a Guinea Ecuatorial o a Burundi.

Sobre esto último, el Premio Nobel de Literatura, José Saramago, tiene otra opinión. Afirmó, durante su visita a La Habana, que en Cuba no hacía falta convocar un referéndum "para ver si están de acuerdo o no con ir a Venezuela, o a Haití, o a donde sea; es como si este pueblo fuera solidario por naturaleza, pero más bien por educación".

¿Cuál de los tres tendrá la clave, la señora de la permuta, la médico de los 25 dólares al mes o el autor de Ensayo sobre la ceguera?

(*) Con la colaboración de corresponsales en la Isla.

MICHEL DAMIÁN SUÁREZ SIAN © Madrid, España
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