Y
ahora, MERCOSUR
¿Es
posible participar plenamente de un acuerdo de libre comercio
predicando libertad sólo de puertas para afuera?
por
MICHEL SUÁREZ, MADRID
8 de
marzo de 2005
Mientras
en política doméstica, el flamante presidente de Uruguay,
Tabaré Vázquez, ha iniciado su mandato tranquilizando a los
mercados con el nombramiento de un moderado para la cartera de
Economía y hablando con naturalidad de acuerdos con el FMI, en
asuntos exteriores no parece decidido a desligarse oportunamente
del 'efecto Cuba', tal y como han hecho Ricardo Lagos, en Chile,
Martín Torrijos, en Panamá, o Lucio Gutiérrez, en Ecuador;
todos de tendencias cercanas al centroizquierda. Porque una cosa
es con guitarra y la otra es con violín, diría algún romántico
de la izquierda totalitaria.
Todavía
es prematuro evaluar las conductas del nuevo gobierno uruguayo.
Muchos menos indicios existen sobre el camino que finalmente
escogerá: si el de Venezuela o el de Chile. Lo único
aparentemente descartado es la opción político-económica de
Cuba. Sin embargo, Vázquez no termina de adoptar una posición
palmaria sobre sus relaciones con la Isla y ha preferido las
curvas antes que el discurso directo.
La
primera aproximación al régimen de Castro —porque la
reanudación de relaciones diplomáticas cuenta menos— viene
de la mano del tema MERCOSUR.
El
canciller Reinaldo Gargano se ha empleado a fondo para intentar
sortear la cláusula democrática, firmada en Ushuaia
(Argentina, 1998), con vistas a permitir la entrada de Cuba al
organismo regional. Se ha hablado de la posibilidad de ser
miembro pleno o asociado, o de convenios puntuales; pero de
acuerdo con la cláusula, "la plena vigencia de las
instituciones democráticas es condición indispensable para la
existencia y el desarrollo del MERCOSUR" (Protocolo
de Ushuaia, 1998).
A
la carta
El
Parlamento de la República Oriental del Uruguay ratificó, el
15 de diciembre de 1998, dicho instrumento, conjuntamente con
Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia y Chile.
El
actual canciller, entonces senador, hizo uso de la palabra en
aquella ocasión para afirmar que se estaba "asistiendo al
debate de uno de los instrumentos jurídicos y políticos más
importantes del proceso de integración" (Transcripción
del Senado de Uruguay, 1998).
El
mismo Gargano que hoy busca resquicios legales para permitir la
entrada de Cuba, alabó desde su escaño la Cláusula Democrática
y pidió el voto de aprobación al resto de la Cámara, porque
"cualquier participante del proceso de integración —como
también aquellos que se han vinculado a él, como Bolivia y
Chile— que vulnere el principio de institucionalidad democrática,
está sometido ipso facto
al examen de su situación por parte de los organismos de
MERCOSUR".
La
idea de Gargano de interpretar "a la carta" la cláusula
en beneficio de La Habana, es cuando menos contradictoria y
selectivamente perversa.
En
principio, no se trata de propugnar nuevos modos de aislar aún
más a la población de la Isla, sino de evitar que actuaciones
violatorias de los derechos humanos y de las libertades —tan
anheladas y disfrutadas por el resto de los miembros del
organismo— resulten premiadas con los beneficios de un acuerdo
que pone como condición mínima el respeto democrático.
Por
otra parte, qué sentido tiene incorporar a Cuba a un sistema de
libre comercio, si éste brilla por su ausencia dentro de las
fronteras de la Isla. La fórmula de "a más centralización
interior mayor liberalización exterior" no parece la más
ajustada en un mundo globalizado. Tampoco hay que perder de
vista que aunque aparentemente se diga lo contrario, un
importante brazo de MERCOSUR, como Brasil, continúa negociando
para alcanzar un acuerdo favorable en el Área de Libre Comercio
de las Américas (ALCA). De llegar a un consenso en los
sensibles temas sobre propiedad intelectual y subsidios agrícolas
—ambos exigidos por Brasilia—, el gigante sudamericano podría
suscribir el ALCA en un tiempo no muy lejano, lo que también
abriría las puertas a MERCOSUR.
El
Mercado Común del Sur, al mismo tiempo, se plantea una serie de
pactos con otras entidades, que al mismo tiempo trabajan con
Estados Unidos en la negociación del ALCA.
Un ejemplo es la Comunidad Andina de Naciones (CAN). En
todo este contexto favorable a la integración, donde aparece
Chile y su Tratado de Libre Comercio con EE UU (TLC), y
posiblemente México (también con TLC), es predecible un gran
bloque económico regional interconectado en el que aparecerá,
ineludiblemente, Washington.
Entonces,
¿qué pinta Cuba en este asunto, si el embargo le prohíbe
transacciones comerciales crediticias, en tanto no se produzcan
reformas democráticas profundas? ¿Es posible participar
plenamente de un acuerdo de libre comercio predicando libertad sólo
de puertas para afuera?
Los
fines políticos
Habrá
que reiterar la idea de que el aislamiento no es el mejor método
para una isla cuya vocación ha sido la clausura. Pero, para más
inri, las actuaciones de Cuba en organismos multilaterales sólo
ha servido para intentar debilitarlos, verbigracia, la Comisión
de Derechos Humanos de Ginebra, la Cumbre Iberoamericana o la
UNESCO.
Al
final, la petición de ingreso en MERCOSUR sólo tiene
finalidades políticas. En diciembre del año 2000, La Habana se
encargó de aclarar, a través de su Ministerio de Relaciones
Exteriores (MINREX), que Cuba no deseaba pertenecer al
organismo. ¿Por qué entonces cinco años más tarde esto se
convierte en un asunto de vida o muerte?
En
esa fecha, el MINREX explicó en una nota que Cuba no había
solicitado su ingreso a MERCOSUR "porque ello no ha estado
ni está entre nuestras prioridades (…) el gobierno de Cuba no
insistiría jamás en integrar una organización como el
MERCOSUR, en la que por su alcance geográfico, sus antecedentes
y sus objetivos, no parecería lógico el ingreso de un país
caribeño como Cuba" (MINREX, 27 de diciembre de 2000).
Económicamente,
la situación cubana sigue tan petrificada como en aquel
momento. Lo que sí es un hecho evidente es el cambio político
que ha experimentado la región. La presunta entrada de La
Habana en MERCOSUR, directa o indirectamente, ahora sólo le
interesa a Castro para aparecer en la foto y torpedear desde
dentro cualquier entendimiento de la región con Estados Unidos.
Qué lo compre el que no lo conozca.