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               La columna de Michel Suárez


 

 Chávez y la caja 'útil'

Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión de Venezuela: la muerte agónica de la pluralidad periodística.

por MICHEL SUÁREZ, MADRID
21 de diciembre de 2004

Hugo Chávez, presidente de Venezuela

Tal y como pintan los acontecimientos, o los medios privados de Venezuela rebajan las expectativas de sus mensajes políticos —es decir, literalmente se autocensuran—, o el cierre se les vendrá encima en menos de un parpadeo.

La aprobación de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión —Ley Resorte para el oficialismo, Ley Mordaza para la oposición— permitirá la intervención directa del Ejecutivo venezolano en las políticas informativas de ese país, algo que ya venía sucediendo desde la asunción al poder de Hugo Chávez, con la extrema politización (a favor del gobierno) de los medios públicos y los intentos de doblegar a los canales privados.

De por sí, la ley anterior venezolana daba prerrogativas al gobierno —o al menos eso es lo que interpretaba Chávez— para imponer transmisiones en cadena nacional de radio y televisión, que los medios tenían que aceptar sin derecho a réplica. Todo eso se amparaba en el silogismo de que si el espacio radioeléctrico era propiedad estatal y si las licencias eran potestad del gobierno, entonces éste podía disponer de las programaciones a su antojo, o de lo contrario, retirar los permisos de explotación concedidos.

Chávez no solo se contentó con convertir los medios públicos en una descarada plataforma electoral a su favor. En los momentos más conflictivos de los tres últimos años, obligó —casi a diario— a todos los canales privados a emitir en cadena sus discursos. En tanto, algunas estaciones de televisión decidieron dividir la pantalla en dos, para no dejar de hacerse eco de lo que sucedía en la calle, donde se enfrentaban —incluso a disparos— miembros del oficialismo y la oposición.

La técnica de la doble pantalla, seguramente por novedosa y desafiante, ya forma parte del pasado venezolano.

'Información oportuna y orden público'

La nueva ley de Chávez es precisa al respecto. Cualquier interferencia en la señal de las cadenas nacionales de radio y televisión será multada con entre el 1 y el 2% de los ingresos brutos causados en el ejercicio fiscal (Artículo 28).

La Ley de Responsabilidad Social es, sin embargo, más ambigua y, por tanto, más peligrosa, en los apartados donde se explaya para intentar controlar la pluralidad. Los primeros acordes en este sentido ya habían sido aportados por la "Constitución Bolivariana", aprobada por Chávez en 1999 . El texto legal fue mirado con lupa por los medios y organizaciones internacionales por la introducción de los polémicos conceptos de "información oportuna, veraz e imparcial".

La nueva Ley Mordaza agrava la indefensión a la que quedan sometidos los medios de comunicación, cuando explica más adelante que "la interpretación y aplicación" estará sujeta a principios políticos —y legalmente tan intangibles— como "soberanía" y "seguridad de la Nación", entre otros.

Los castigos previstos por la legislación van dirigidos directamente a la aniquilación del contrario. Desde la suspensión por 72 horas continuas hasta la inhabilitación del medio por cinco años, en el caso de los mensajes periodísticos que promuevan o hagan "apología de la guerra", entre otros supuestos —difícilmente verificables— relacionados con el "orden público", o que "sean contrarios a la seguridad de la Nación" (Artículo 29).

Es decir, la existencia en Chile o México (países cuyos gobiernos se opusieron a la guerra de Irak)  de una regulación como esta, hubiera supuesto un anatema para los periodistas que emitieron opiniones favorables sobre el conflicto. Con la Ley Mordaza, el criterio del gobierno, en materia de política interior y exterior, pasa a formar parte de la agenda forzosa de los medios. Su incumplimiento originará a una medida punitiva.

¿'Independiente' de quién?

Otra parte del articulado que ha hecho poner el grito en el cielo a los venezolanos está referida a la aparición de la figura del "productor independiente". El gobierno obligará a las cadenas a entregar una cuota de la programación a éstos, quienes para acceder a tal categoría deberán solicitar una "certificación" a la autoridad correspondiente y demostrar que no tienen relación con las empresas que los van a contratar.

Lo de "independiente" suena a gastado en terrenos propensos al autoritarismo. En 1960, el entonces joven gobierno cubano de Fidel Castro convenció a los pequeños difusores para que se aliaran en el denominado Frente Independiente de Emisoras Libres (FIEL), que luego milagrosamente se "auto-convenció" de que lo más patriótico era poner la corporación radial bajo la tutela del gobierno. En 1962, los productores que quedaron al margen de FIEL, fueron despojados de sus propiedades por un decreto que dio paso a la creación del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), el sacrosanto organismo de la censura hasta hoy día.

Volviendo a Venezuela, Gilberto Urdaneta, director de la Cámara de la Industria de la Radiodifusión de ese país, me ratificó hace unos días que la creación del productor "independiente" no era más que una maniobra para colocar en los principales horarios de las cadenas privadas a comisarios políticos del gobierno chavista. Para no ir tan lejos, es como si Iñaki Gabilondo o Luis del Olmo, quizás las principales figuras de la radio española, necesitaran una autorización del gobierno para continuar dirigiendo sus programas matutinos. En el caso de Del Olmo, estaría invalidado automáticamente por ser accionista de Punto Radio.

Urdaneta igualmente denunciaba las imposiciones en los horarios. Prácticamente entre siete de la mañana y once de la noche, las cadenas no tienen autoridad sobre los tipos de contenido.

Todo eso contrasta, por ejemplo, con la manera en que en España los medios audiovisuales se están sometiendo a una "autorregulación" para proteger los horarios infantiles.

En el caso de Venezuela, no es un hecho aislado. Se suma a la reforma del Código Penal, diseñada para estipular o endurecer las penas contra supuestos delitos de opinión; o para blindar la figura del presidente de la República y la de otros altos cargos o instituciones estatales, ante críticas adversas de los medios o de los ciudadanos. A todo esto se le une, también, el creciente control gubernamental sobre los poderes legislativo, judicial y constitucional.

Antes, los medios de comunicación venezolanos no eran perfectos y estaban bajo la exclusividad y el manto de una clase económica visible. Hoy, es el gobierno, quien en nombre de los dídimos de Bolívar y Chávez, mezclados con varios kilogramos de seguridad nacional y soberanía, cientos de litros de lenguaje populista y patria congelada como postre, pretende controlar los medios no afines hasta su exterminio.

Pero como nadie experimenta por cabeza ajena, en breve los venezolanos podrán verificar qué es lo menos malo: si la dictadura del dinero o la de la censura.

 

 

MICHEL DAMIÁN SUÁREZ SIAN © Madrid, España
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