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               La columna de Michel Suárez

 

                         Gestos

¿Qué ha cambiado en Cuba que el mundo se dispone a disminuir las presiones políticas y diplomáticas?

por MICHEL SUÁREZ, Madrid

¿Cómo puede medirse o definirse un gesto? ¿Dónde termina un gesto y empieza una maquinación?

Para desmemoriados, amnésicos o hiperoportunistas, un simple recordatorio de los más "trascendentales gestos políticos" de Fidel Castro en los últimos años:

- Liberación de presos a solicitud del entonces presidente del gobierno español, Felipe González.

- Liberación de presos a raíz de la visita a Cuba de Juan Pablo II.

- Liberación selectiva de presos tras peticiones de Gabriel García Márquez y otras personalidades intelectuales y políticas.

No hará falta profundizar demasiado para comprobar que todas las excarcelaciones han estado dirigidas a satisfacer una demanda exterior, de cara a la reversión de un período político de "vacas flacas". Ni en una sola ocasión, el gobierno cubano ha decidido tales medidas como consecuencia de una rectificación, o por un simple problema humanitario. El régimen de Fidel Castro, calculador y efectista, ha tensado cada una de las situaciones, para luego, cual benefactor misericordioso, abrir los candados que él mismo fabricó, pero sin soltar la custodia de la llave, ni mucho menos la del recinto.

Así las cosas, cuando se escucha a Martha Beatriz Roque Cabello, líder de la Asamblea para Promover una Sociedad Civil, decir que su excarcelación es un "pequeño gesto", no cabe más que asombrarse, y tratar de que la excelente noticia de su liberación no se convierta, además, en una preocupación subsidiaria relacionada con la manipulación que hace el castrismo de hechos como éste.

Sin embargo, esa lamentable confusión de sentimientos parece inevitable. Dice Roque Cabello que el gobierno "tiene que asimilar" que ellos "son la oposición", porque "es imposible que sigamos con la idea que todo el mundo piensa igual". Algo parecido dijo el 10 de diciembre de 2002, durante la celebración del Día de los Derechos Humanos: (la jornada sin incidentes fue) "un signo de que Fidel Castro sentía la presión internacional para mejorar la situación de los derechos humanos en la Isla (...) debido al "peso creciente que la oposición ha tomado en el país" y a que a las autoridades "no les queda otra solución que darnos un espacio para expresarnos".

Tres meses después fue detenida y condenada a 20 años. Ha cumplido casi un año y medio en la cárcel, y aún Martha Beatriz Roque tiene un optimismo admirable, en cuanto a lo que pueden o no hacer las autoridades cubanas, en un país que les pertenece en propiedad.

Supervivencia oportunista

Cabría preguntarse —por estos días en que la Unión Europea se alista con entusiasmo para la eliminación de las sanciones diplomáticas a La Habana— cuáles son los mínimos que la comunidad internacional está dispuesta a exigirle a Castro.

Es difícil pensar que esos mínimos se limitan a la liberación de los 75, en primer lugar porque son casi 300 los presos políticos. No es edificante imaginar que el "acto heroico" de Castro de abrir las rejas —mientras dice al oído del excarcelado: "Ésta siempre será tu casa"— constituya la panacea que anhela el mundo democrático, tras comprobarse a través de los últimos 45 años cómo el rejuego de detenciones y liberaciones no ha representado absolutamente nada en la normalización democrática de la Isla, y sí mucho en la supervivencia oportunista del gobernante latinoamericano de mayor antigüedad en el poder.

De lo contrario, ya se verá qué tiempo permanece vacía la celda que afortunadamente Roque Cabello acaba de abandonar. Los acontecimientos de los últimos días contra activistas del Proyecto Varela, el acoso a la diezmada prensa independiente, las detenciones breves y un rosario más de hechos cotidianos, mueven la flecha hacia la única realidad posible en la Cuba de hoy: "el cuartico está igualito".

Eso, sin contar la represión económica, materializada en la suspensión progresiva del trabajo por cuenta propia y en la recentralización de la actividad productiva nacional. Entonces, ¿dónde hallar señales de gestos? ¿Qué ha cambiado en Cuba como para que la UE se plantee revisar con urgencia, en septiembre, las sanciones diplomáticas?

Algunos países consideran reducir la invitación de disidentes a actividades oficiales en sus embajadas, como señal de "buena voluntad europea hacia los gestos de Castro". Se habla de restringirlas al 9 de mayo, Día de Europa. Lo que nadie explica, desde la normalidad democrática del Viejo Continente, es por qué razones la oposición no puede visitar las legaciones diplomáticas, sin que ese hecho siga conteniendo factores de excepcionalidad.

¿No es normal que Gaspar Llamazares, el líder del comunismo español, asista a las recepciones por el 26 de julio y el 1 de enero en la embajada cubana en Madrid? ¿No lo es igualmente que los denominados "grupos de solidaridad con Cuba" mantengan relaciones estrechas con las embajadas de la Isla en Estocolmo, París o Roma? ¿Quién se lo impide?

Sin intención de profetizar, el momento que se vive es en extremo preocupante. Las lecciones de la Historia están siendo ignoradas, y, cada vez que eso sucede, el castrismo se oxigena.

El exilio, la disidencia y la comunidad internacional se felicitan por las excarcelaciones recientes. No es para menos, sobre todo porque los afectados por la represión fueron y son inocentes, y han sufrido un castigo descomunal sin abandonar el ideal que les mueve.

Mientras, millones de cubanos de la Isla, que por desgracia jamás han oído hablar de Raúl Rivero, Espinosa Chepe o Roque Cabello, se estarán preguntando qué ha cambiado en su tierra como para que el mundo civilizado disminuya la presión política y diplomática sobre el régimen.

Europa ha demostrado en los últimos tiempos una solidaridad admirable y una alternativa de presión, frente a otros proyectos sobradamente fallidos. Lo loable sería que no permitiese a Castro una próxima trampa, porque la democracia, queridos europeos, no va a llegar a Cuba por obra y gracia del espíritu santo.

 

MICHEL DAMIÁN SUÁREZ SIAN © Madrid, España
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