Raúl Rivero:«Seguiré siendo el de siempre: un pobre periodista y un
poeta»
por
MICHEL SUÁREZ, MADRID
Encuentro
en la Red
4 de
diciembre de 2004
En el apartamento de Raúl Rivero, en el habanero barrio de Centro Habana, todo ha sido este martes una suerte de nervios, alegría y ratificación de voluntades. Blanca Reyes, la esposa que lideró una cruzada ante el mundo por la liberación del poeta, fue visitada a primera hora por la Seguridad del Estado. Un oficial le pidió que llevara café a Rivero, en el hospital del Combinado del Este. Allí habló con los médicos y supo de los exámenes practicados: el fundador de Cuba Press tiene un enfisema pulmonar y un riñón poliquístico. Más tarde, recibía la noticia de la excarcelación de su esposo, con la categoría de licencia extrapenal, al igual que otros disidentes.
La casa de Raúl Rivero ha colapsado esta mañana de martes. Periódicos, emisoras y canales del mundo se han encargado de que su causa titule noticieros y primeras páginas. A pesar de la falta de información que aún tiene sobre la realidad que le había sido vedada, Rivero aceptó la tempestad reporteril, incluyendo la llamada telefónica de Encuentro en la Red, diario en el que mantenía una columna semanal, justo antes de ser arrestado.
¿Bajo qué condiciones le han excarcelado?
He salido a la calle sin ninguna condición. Estoy bajo licencia extrapenal indefinida, pero sin condiciones. Me trajo a la casa un oficial de la Seguridad del Estado y en ningún momento me han hablado de lo que debo o no debo hacer o decir.
¿Cuándo tuvo la primera señal de que algo se estaba moviendo para su excarcelación?
Lo que se había producido, que podía ser una señal positiva, era que me habían flexibilizado mucho los contactos con mi familia. En noviembre había visto dos veces a mi familia y el día de mi cumpleaños dejaron ir a Blanca (Reyes) y a Yenia, y estuve como cuatro horas con ellas. Hasta noviembre todo había sido muy riguroso y severo.
Después de esto, pienso que ya ellos tenían previsto que me iban a liberar y fueron flexibilizando. Todo se me hizo más fácil, sobre todo los contactos con mi familia.
¿Cuál fue el peor momento de su paso por la cárcel de Canaleta?
No puedo hablar de un momento, sino de mucho tiempo. Estuve solitario, encerrado 11 meses en una celda de castigo. Fueron momentos muy complejos y difíciles. El sistema penal incluye que cuando un preso se porta mal, el castigo máximo es de 21 días, y nosotros estuvimos 11 meses en ese lugar.
¿Cómo es el aspecto de una celda de castigo?
Es una celda muy pequeña, de unos seis pasos, en la que ni puedes abrir los brazos completamente. Hay una cama, un baño turco y un tubo con agua que cae. Hay una pequeña ventana atrás, pero que tiene una plancha de hierro. Además de todas las incomodidades, pasan por ahí todos los bichos del campo cubano.
¿Usted cree que su caso será utilizado por el régimen cubano como moneda de cambio ante la comunidad internacional?
No lo creo. Realmente no tengo mucha información de lo que está pasando, pero tampoco lo creo. Ha tenido que ver el trabajo diplomático, porque también han salido otros. En estos momentos hay una coyuntura favorable. Aunque tengo muy poca información y estoy un poco desconcertado, tras haber salido del hospital, creo que podrían producirse otras liberaciones, sobre todo de los que están enfermos. Es lo que me pareció captar en las conversaciones que tuve con oficiales de la Seguridad en el hospital donde estaba.
¿Hay peligro en estos momentos de que se produzcan nuevas detenciones?
Es muy difícil de decir. Pero si hay un clima, no de distensión absoluta, sino de un gesto de soltar algunas personas, no creo que arresten a otros ahora mismo. Supongo que en estos momentos las autoridades estarán disfrutando de una "buena prensa", como se dice.
¿Tenía alguna idea de cómo se movía el mundo en su favor mientras estuvo preso?
Sí, tenía bastante idea porque Blanca me informaba por teléfono los jueves. Las visitas eran lejanas, pero tenía información. Al principio tuve muchas cartas, pero después se puso difícil la correspondencia. Me escribían cartas Manolo Díaz Martínez, Miguelito Rivero, y otros que estaban por Europa, quienes me contaban lo que estaba pasando. No podía ver los documentos porque no los dejaban pasar a la cárcel, pero Blanca me contaba. Tenía una idea, aunque pálida, de lo que estaba pasando.
¿No cree que se ha convertido en una especie de símbolo de la lucha pacífica en Cuba?
No. Simplemente voy a seguir siendo lo que he sido siempre: un pobre periodista y un poeta. No quiero ser símbolo de nada, ni representar nada extraordinario. Entiendo lo que ha pasado, pero no. En Cuba se ha utilizado mucho y se ha desgastado mucho eso, por lo que yo siempre tengo sospechas por los símbolos.
¿Y si eso sirviera de algo para ayudar a los que aún están en las cárceles?
Si sirve para eso, me alegraría muchísimo. Dios lo quiera que sea así. En la medida de todas mis posibilidades voy a trabajar por algunos colegas que siguen presos. Voy a utilizar esa zona que se ganó para trabajar por ellos.
¿Qué cree de ese movimiento denominado las "Damas de Blanco"?
Eso ha sido muy importante y ha mantenido viva la imagen y la presencia de los presos, dentro de Cuba y fuera. Una imagen de no abandono.
Una cosa también muy importante ha sido el trabajo del periodismo en general. Ha habido muchos periodistas siguiendo lo que ha estado pasando, desde las enfermedades de los presos y demás, según me ha contado Blanca.
Eso se debe a la presencia de las Damas de Blanco permanentemente hablando; del contacto con la prensa extranjera acreditada en Cuba. Esto ha demostrado la importancia de la prensa extranjera, aun cuando algunos dudaron de si debían entrar o no.
En todas partes suceden cosas horribles, pero son más horribles donde no se saben ni se pueden decir. La presencia del periodismo internacional ha sido decisiva. En otros momentos, en Cuba había habido personas presas y el mundo se enteró años después. Y aquí se siguió paso a paso, desde los arrestos, los juicios y el curso de la vida de la gente en la cárcel.
¿Y ahora qué piensa hacer?
Voy a examinar la situación. No me han dicho ni que me vaya ni que me quede. Nunca he querido irme de Cuba. Pero, claro, yo quiero trabajar, como creo que debo hacerlo. Si no puedo, pues tendré que salir de la Isla.
¿Tendrán los lectores de
Encuentro en la Red la posibilidad de leer nuevamente su columna?
Como no, enseguida que me reponga.
¿Qué cree a estas alturas de las traiciones de los periodistas-policías, en especial de Manuel David Orrio?
Yo respeto el trabajo de todo el mundo, incluso ese. Lo que pasa es que yo no los respetaba a ellos porque eran malos periodistas. La mediocridad no tiene cabida, esté donde esté. Si ese es su trabajo y lo quiso hacer, bueno… Cada uno defiende sus ideas como quiere o puede. Mi falta de contactos con ellos no era porque fueran agentes, sino porque eran muy malos periodistas.
¿Está la mano del gobierno español detrás de su excarcelación?
No sé si está detrás. Lo que sí sé es que ha estado levantada a favor de mi liberación y estoy muy agradecido del gobierno español y de la política española en general, incluyendo al Partido Popular. Pero básicamente le agradezco al presidente Zapatero porque ha estado muy presente.