Dos cubanos en Madrid
De un polo a otro: Los embajadores de Washington y La Habana en la capital de España.
por MICHEL SUáREZ, Madrid
Quizás como nunca antes, las dos Cuba están representadas diplomáticamente en Madrid. Por la exclusiva calle Serrano, que comienza donde se levanta la Puerta de Alcalá, se pasea el cubanoamericano Eduardo Aguirre, camino a su nuevo despacho en la Embajada de Estados Unidos en España.
Aguirre nació en la Isla y emigró a Norteamérica con 15 años, durante la Operación Pedro Pan. George W. Bush acaba de encomendarle la misión de representar a Washington en Madrid, un empeño complicado tras los roces bilaterales originados por la retirada española de Irak.
A pesar de todo, Aguirre parece haber traspasado la puerta (de Alcalá) por su lado grande: la prensa española no se ha medido en elogios. El diario El País, icono por excelencia del centroizquierda, le ha calificado en un extenso reportaje como "el embajador que sabe escuchar". El Mundo, segundo diario nacional y referente del centroderecha, destacó que Bush le ha pedido a Aguirre que sea "su cara y su voz" en España.
Sin embargo, lo que más ha llamado la atención de analistas locales, tanto en círculos diplomáticos como mediáticos, es el espíritu de consenso con que el cubanoamericano ha iniciado sus actividades en España, quizás por la mimesis con que hoy se evalúa a todo el entorno de Bush.
De entrada, un colaboracionista Aguirre, dispuesto a "dejar en el pasado" los conflictos acaecidos entre ambas partes, ha hecho una interesante reflexión, propia de la inteligencia y el pragmatismo que se le adjudica: "EE UU tiene un interés respecto a Cuba que es común con el interés de España. Ambos buscamos que haya libertad y democracia en Cuba". Aunque distingue claramente que el gobierno de Zapatero cree que "esa meta puede alcanzarse por un camino", en tanto que Bush "cree que debe hacerse por otro". "Vamos a ver", precisó, "si en algún momento los dos caminos se encuentran y se llega a la meta común".
Las declaraciones del nuevo embajador norteamericano en Madrid, más allá de la prudencia de su función, no sólo abren el interesante camino de la complementariedad entre dos fórmulas para alcanzar un objetivo similar, sino que desinflan la falaz teoría de ciertos sectores que continúan esgrimiendo la "complicidad" y los "balones de oxígeno" entre Madrid y La Habana. Aguirre no parece dispuesto a caer en la tentación de sacarle provecho ideológico a la tragedia cubana, y más que uniformidad de métodos, pide resultados. Hasta ahora, y muy a pesar de todos los demócratas, tanto Washington como Madrid tienen poco tangible que exhibir.
El abrazo del oso
Por otra céntrica avenida del Madrid de clase alta, el Paseo de La Habana, se mueve Alberto Velazco San José, el embajador de la otra Cuba, la Cuba secuestrada de los últimos 46 años.
Velazco, coincidentemente con los actos de recibimiento a Aguirre en Madrid, no ha resistido la tentación de hacerse notar con una gira "de presentación" en las Islas Canarias. Lo ha hecho de la peor manera posible: dándole "el abrazo del oso" a Rodríguez Zapatero y a Miguel Ángel Moratinos, un abrazo que puede ser mortal.
Velazco San José ha dicho en Canarias que las relaciones entre ambos países están en una "etapa mejor" que la protagonizada por el gobierno de José María Aznar.
Habría que ver qué significado tiene para el embajador de La Habana el término "mejor", porque si lo dice por la disminución de la confrontación verbal, es evidente, pero que haya menos escándalo no representa un cambio esencial. Si acaso se refiere a que Madrid va a dejar de exigirle a La Habana lo mismo que durante el período de Aznar, aunque con modos diferentes, entonces el objetivo de sus declaraciones es confundir a la opinión pública… y ganar tiempo.
Para Zapatero y Moratinos, una declaración así no debe ser muy satisfactoria, sobre todo si no va acompañada de hechos. Y aquí los únicos hechos esperados son los relacionados con la liberación de los presos políticos, ante la imposibilidad de avanzar en otras direcciones mientras no se produzca el 'hecho biológico'.
Mientras Aguirre procura no remover el pasado, Velazco carga nuevamente contra Aznar y entra de lleno en la política interna española. Dos formas de entender la diplomacia y las oportunidades. Dos cubanos a los que les ha tocado representar en España a la mayor democracia del mundo y a la única dictadura del continente americano, respectivamente.